Solo van a jugar y no aprenden nada

No siempre jugamos para aprender, pero siempre aprendemos cuando jugamos



Es verdad que en Educambiando nos gusta jugar y que jugamos todo el tiempo, sin embargo, pensar que al jugar todo el tiempo no estamos aprendiendo nada, habla de una clara tendencia a creer qué las personas necesitamos de un maestro y de un programa preestablecido con un objetivo tangible para poder aprender.


Esta creencia es resultado de tantos años en los que la educación ha representado para nosotros simplemente una forma de adquirir conocimientos; conocimientos que están determinados por un programa estandarizado qué es igual para todas y para todos. Cuando algo es estandarizado es mucho más fácil de medir, de cuantificar y de hacer visible el avance que la persona está teniendo con relación a ese programa. Sin embargo, el aprendizaje no siempre se ha llevado a cabo de esta forma.


En tiempos previos a la escuela (o a lo que hoy conocemos como escuela) era muy diferente. En las tribus de cazadores y recolectores se permitía a los niños crecer libremente, de esta manera creaban sus juegos y socializaban con otros miembros de la tribu, lo cual les ayudaba a desarrollar todas sus habilidades y conocimientos a partir de lo que su entorno les presentaba.


En Educambiando hemos podido observar cómo, a partir del juego, las personas desde edades tempranas hasta edades adultas seguimos aprendiendo todo el tiempo. Cuando los niños juegan libremente son capaces de retarse a sí mismos, de observar sus límites y de poder medir sus capacidades. Cuando las niñas tienen la libertad de jugar comienzan a desarrollar una amplia gama de habilidades muy importantes, dentro de las cuales están las cognitivas, las emocionales, como gestión de emociones, y las sociales. También comienzan a descubrir cuáles son sus verdaderos intereses.


Otro aspecto importante del juego libre, que como adultos y facilitador@s es importante tener en mente, es el aprender a observarlo y a encontrar valor en él. En Educambiando podemos observar como un niño que pasa gran parte de su día realizando juegos de construcción (LEGOS, bloques, o rompecabezas, etc.) está desarrollando las inteligencias lógico-matemática y visual espacial, sin necesidad de que los contenidos vengan de una clase con una estructura predeterminada. A medida que los juegos se desarrollan, también podemos observar cómo van surgiendo sus capacidades para organizarse, ponerse de acuerdo, tomar turnos, aprender a ser líderes y aprender también a ceder ese liderazgo al resto de las personas cuando es requerido. Y así como podemos hablar de muchos tipos de juegos: físicos, verbales, interpretativos, etc., también podríamos enlistar una larga serie de habilidades que l@s niñ@s desarrollan en ellos.



En Educambiando hemos podido observar que las primeras etapas para practicar la auto-dirección o el aprendizaje auto-dirigido se basan principalmente en el auto-descubrimiento y la exploración a través del juego libre.


Una vez que las niñas y los niños han pasado por estas etapas, las cuales pueden durar desde la infancia hasta los principios de la adolescencia, o incluso hasta la adultez temprana, el aprendizaje y los conocimientos que han ido adquiriendo a través del juego libre se vuelven evidentes, y el haber tenido la oportunidad de explorar sus verdaderos intereses facilita los acercamientos hacía su vocación. La experiencia de practicar el aprendizaje auto-dirigido nos ha podido mostrar como las personas que han tenido la libertad de jugar libremente han podido reconocer en sí mismos sus dotes y habilidades que los han llevado a desarrollar proyectos de carácter profesional a edades muy cortas no solamente en el arte como la música o las artes visuales sino también hacia las áreas relacionadas a la ciencia y la tecnología, la ecología y el cuidado de las especies no humanas.


Aquí te decimos 4 formas de como es que en Educambiando el juego funciona como vehículo para desarrollar el aprendizaje:


1.- Creamos una cultura de paz para que las personas jueguen dentro de un espacio seguro, en dónde pueden ser y expresarse tal y como son, de esta manera las personas solo tienen que ocuparse de desarrollar sus intereses sin tener que preocuparse por un entorno hostil o desfavorable para su integridad física, mental y emocional.


2.- Proporcionamos diferentes espacios en dónde las personas pueden realizar sus actividades libremente, tanto al aire libre para desarrollar actividades físicas como de exploración en la Naturaleza, como también áreas cerradas como un gimnasio, espacio de creación musical, zona de estudio y concentración, ludoteca, biblioteca y taller de herramientas.


3.- Los facilitadores formamos parte de sus juegos sin interferencia, nos deslindamos de las figuras de autoridad con la intención de convertirnos en un miembro más de la comunidad al igual que las personas no adultas, así formamos parte de sus intenciones sin ser nosotras las personas adultas quienes dirigen o deciden como realizar los juegos.


4.- Jugamos a ser profesionales, muchos de los proyectos que surgen en Educambiando, emergen a partir del interés que se despierta en las personas por crear, por lo tanto dentro del juego se desarrollan proyectos como cortometrajes, construcción de aldeas, creación de eventos, grabaciones musicales, proyectos de cuidado ambiental y más… Todos ellos surgidos de sus intereses personales mostrados durante el juego.


"El carácter lúdico (el impulso a jugar) opera en función de propósitos educativos que son

complementarios de la curiosidad. En tanto que la curiosidad motiva a los niños a tratar

de obtener nuevos conocimientos e interpretaciones, el carácter lúdico los lleva a

practicar las nuevas habilidades y usarlas en forma creativa.

Desde una perspectiva biológica evolucionista, el juego constituye la forma natural de asegurar que los mamíferos pequeños, entre ellos los niños, practiquen y adquieran las habilidades necesarias para sobrevivir y prosperar en sus entornos."


Esta teoría de la práctica del juego fue propuesta y desarrollada hace más de un siglo por primera vez por el filósofo y naturalista alemán Karl Groos, quien presentó evidencias de ello en dos libros: The Play of Animals (1898) y The Play of Man (1901).

(Párrafo tomado del libro: libres para aprender de Peter Gray)